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Poner el cuerpo en movimiento

Está comprobado que hacer deportes mejora la calidad de vida, el estado físico y la salud emocional; ayuda a olvidar preocupaciones y a relacionarse con personas de la misma edad. Las razones para comenzar a practicarlos, son muchas y la adolescencia es el mejor momento para sumarlo como un hábito saludable. Les presentamos algunas de ellas, ¡a tomar nota!

Contribuye al mantenimiento de un buen estado general de salud: ayuda a estar bien y tener vitalidad, facilitando el buen funcionamiento de todos los órganos y sistemas del cuerpo. Conserva los valores de azúcar en sangre más equilibrados, al tiempo que fortalece los huesos y músculos, aumentando la fuerza y la resistencia.

Ayuda a sostener un buen estado de ánimo: cualquier problema o contratiempo se enfrenta con una postura positiva. Practicar deportes con amigos genera momentos de esparcimiento y diversión

Reduce el riesgo de sobrepeso y obesidad: evita el sedentarismo y nos mantiene en un peso saludable.

Eleva la capacidad de concentración y el rendimiento: ayuda a comprender el proceso para conseguir objetivos, incorporando los conceptos de aprendizaje, sacrificio y esfuerzo.

Fomenta la socialización: los deportes en equipo favorecen el compañerismo y reducen la agresividad, aportando herramientas para comprender que hay que dejar de lado las individualidades y crecer junto a los demás.

Permite divertirse en familia y pasarla bien: es una oportunidad de ocio sumamente saludable, un “punto de encuentro” para padres e hijos, hermanos, abuelos y tíos.

Aumenta la autoestima: brinda mayor seguridad respecto al cuerpo que está cambiando. Algunos adolescentes pueden tener problemas de integración por sentirse demasiado altos, bajos, gordos o delgados. Estas apreciaciones pueden superarse cuando se sienten ágiles, con capacidad para controlar su cuerpo, seguros e integrados en la práctica de un deporte.

Produce sensación de bienestar inmediato: gracias a la liberación de endorfinas, que son las hormonas que mejoran el humor, promueven la calma, reducen el dolor y contrarrestan los niveles elevados de adrenalina asociados a la ansiedad, entre otras funciones esenciales para la salud.

Previene el sedentarismo y la inclinación por actividades de ocio pasivas: son muchas las alternativas que no suponen ningún tipo de actividad física ni motivación y que, realizadas de forma exclusiva, sin alternar con otras actividades, pueden dar lugar al desencadenamiento de problemas de salud.

LOS PADRES, EL EJEMPLO.

Los padres deben ser un modelo saludable a seguir por los hijos. Hacer ejercicio, mantenerse activos y planificar salidas familiares estimulantes, proporcionará encuentros intergeneracionales donde prime el afecto, el apego y se compartan experiencias.

Para esto, es necesario que ayuden a sus hijos a descubrir una actividad que realmente les guste. Probar distintas opciones hará que elijan la más apropiada para su edad y condiciones. Todos los deportes son recomendables para los adolescentes. Lo importante es que sean constantes y que aprovechen al máximo sus beneficios.

Como padres podemos orientarlos para que realicen la mejor elección. En primer lugar, tendremos que ayudarlos a analizar si sus preferencias son acordes con sus cualidades y su constitución corporal. El deporte que elijan no tiene que suponer sacrificios ni sufrimientos, debemos evitar inculcar el interés por “ser el primero o ser el ganador” porque el objetivo del ejercicio debe ser favorecer el desarrollo integral.

¡ALGUNAS RECOMENDACIONES!

• Comenzar a hacer ejercicio de forma moderada, para ir aumentando luego la intensidad.

• Hidratarse antes, durante y después del ejercicio.

• Precalentar y elongar antes y después de hacer deportes.